Amarante, Portugal.

Por cortesía de Turismo Porto e Norte de Portugal tuve la ocasión de visitar una villa de la cual nunca había oído hablar, Amarante. El nombre me gusto, “te amaran”, es un buen comienzo para invitarte a visitar un lugar.

El pueblo se encuentra a vera del río Tamega el cual desciende desde Galicia para ir a morir a la vera del Duero. A su paso por el pueblo es bastante ancho y se salva el paso por el precioso puente de San Gonzalo de origen medieval que fue reconstruido a mediados del siglo XVIII con mucha historia. Por ejemplo la brava defensa que hicieron los amigos portugueses contra las tropas de Napoleón.

Antes de acceder al puente pasamos por una preciosa calle con todo el sabor de Portugal, la calle 31 de Janeiro, con múltiples reposterías y restaurantes típicos Y es que en Amarante la repostería es arte, pero de eso hablaremos luego.

Tras cruzar el puente nos encontramos con la imponente iglesia de San Gonzalo, que por cierto nunca fue santo si no beato, reformada al igual que el puente en el XVIII y que en su interior alberga un hermoso retablo.

A la derecha nos encontramos en el antiguo convento de los Dominicos uno de los museos de referencia del arte moderno en Portugal, el Museo Municipal Amadeo de Souza Cardoso, uno de los principales artistas plásticos portugueses originario de esta bella villa. Y es que Amarante es villa de artistas como el gran literato Teixeira de Pascoaes. Allí fuimos recibidos por los organizadores que nos dieron una cálida bienvenida. Según cuentan en el convento había un túnel secreto para acceder al vecino convento de las monjas…;)

Una de las visitas mas dulces que nos tenían preparadas fue en el obrador artesano de la Confeitaria da Ponte, al lado del puente, donde vimos la elaboración artesanal de todas estas delicias: papos de anjo, lerias, foguetes, brisas do Tamega…¡¡¡Delicioso!!! La tradicion pastelera le viene de las monjas clarisas, las del túnel con los dominicos, que dejaron plasmado su buen hacer en tan ricos dulces.

Mención aparte para los Caralhinhos de San Gonzalo, un dulce que se solía regalar a las mozas solteras y es que San Gonzalo era un gran casamentero.

Después de comer tan ricos dulces merece la pena pasear por sus calles empedradas para bajar las calorías y disfrutar de las vistas sobre el río. Tomar un café al lado de Teixera de Pascoaes o simplemente disfrutar de la compañía.

Llego la noche y fuimos a cenar a un local en las afueras, a Taberna do Coelho, donde disfrutamos de una cena con un ambiente espectacular acompañados de miembros de la corporación municipal y de Turismo Porto e Norte de Portugal. La comida fue a base de platos de la zona y la estrella fue un delicioso cordero, todo ello regado con ricos vinos de la zona.  Os recomiendo probar el Avesso, me impresiono muy gratamente. Me quedara un grato recuerdo de la cena tanto por la comida como por la compañia. 

Tras un día tan intenso nos retiramos a dormir al Hotel Navarras donde tras una ducha reconfortante nos dejamos caer en los brazos de Morfeo y soñar en volver a Amarante pero contigo 😉

Agradecer a Turismo de Porto e Norte de Portugal su invitación para conocer Amarante y de verdad me sentí amado

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