San Paio de Narla, Friol. Lugo.

Galicia es una tierra prodiga en castillos y fortalezas, por desgracia muchas de ellas yacen en el olvido o han sido derribadas por cuestiones de modernidad , véase el Castillo de San Diego demolido para edificar el pantalan petrolero de A Coruña. Afortunadamente quedan algunas que han sido objeto de especial protección y hoy merece la pena visitarla gracias a los esfuerzos de gente como Felipe Arias Vila que convirtió esta preciosa fortaleza en un museo etnografico.

Los orígenes de esta fortaleza datan de mediados del siglo XIV siendo parcialmente destruida durante las revueltas irmandiñas del siglo XV tras lo cual volvió a ser reconstruida y con el paso del tiempo sufrió diversas reformas entre los siglos XVI y XVIII. Por ejemplo la pequeña capilla es un añadido del XVIII.

El acceso se hace a través de una pequeña cuesta al lado de la cual hay un palomar, no olvidemos que es una casa señorial. Toda casa de bien que se precie debe poseer un pombal.

Antes de entrar en la fortificación se encuentra la pequeña capilla del XVIII con retablo de la misma época donde podréis expiar vuestros pecados. Yo pase de hacerlo ya que aun seguiría allí relatando bochornosas situaciones y hechos.

La fortaleza consta de una torre a la que se adosa mas que un castillo una casa fortificada. El emplazamiento de la fortaleza es un pequeño promontorio rodeado de arboles que casi no dejan ver el castillo hasta que das de bruces con el. A su vez se encuentra rodeado de una zona boscosa que podréis apreciar en toda su hermosura al subir a la torre, las vistas son magnificas.

Tras acceder a su interior veremos que se ha instalado por obra y gracia de Felipe Arias Vila un precioso museo etnografico que le da contenido a tan singular construcción Veremos el pequeño patio cerrado donde se encuentran diversas vestiduras y aperos de labranza típicos de Galicia como esta coroza que hacia las veces de impermeable antes de la llegada del Goretex o el cantarín carro de vacas que ya no se volvera a oir por la corredoiras

Tras el pasillo anexo se encuentran las antiguas caballerizas donde encontramos un antiguo carruaje hermosamente decorado y un palanquín Ademas de otros enseres típicos de las caballerizas como una pequeña colección de sillas de montar.

Llegamos a una de las estancias que mas me gusto, una cocina antigua con una gran y hermosa lareira y con todo su ajuar como hace decenas, cientos…de años. Imaginaos cuantas noches de invierno se contaron hermosas historias al calor de la lumbre.

Al fondo de la cocina nos encontramos con un pequeño ¿armario? De madera y en su interior encontramos el trono de Pedro El Ceremonioso. Una simple silla de madera con un agujero donde se mandaban los faxes que supongo que el menos listo de la casa seria el encargado de vaciar. Si alguna vez pensáis que vuestro trabajo no os gusta acordaos del encargado de vaciar esto y no creo que estuviera bien pagado tampoco.

Seguimos por la casa y llegamos a un hermoso salón presidido por una señorial chimenea donde encontramos ventanas que dan claridad a la estancia con unas relajantes vistas al verde arbolado.

Subimos por la torre y llegamos a un pequeño museo de armas donde nos encontramos un avieja armadura de samurái con su katana y todo. A ver si va cierto lo de Águila Roja, un mercenario japones en la zona de Ulloa.

Otra hermosa estancia es la recreación de un dormitorio de época completamente equipado. Aun no había Ikea.

Y finalmente subimos a la torre donde disfrutaremos de una hermosa avista d ellas cubiertas de la casa y una panorámica del bosque que la rodea. Os recomiendo llevar unos cascos y poner de fondo la canción Arrival ,la versión de Abba o del Sr. Campoviejo como Vos deseis, cuando subís por las escaleras antes de llegar arriba y luego disfrutarla oteando el horizonte mientras esperáis la llegada de vuestro amor a través del bosque.

Deseando que disfrutéis de la visita tanto como lo hice yo en su día y  agradeciendo a las instituciones que no dejen arruinar a tan hermosas joyas de nuestro patrimonio arquitectónico.

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