Montalegre. Portugal.

Cuando te llama Turismo Porto e Norte de Portugal hay que ir aunque sea contra viento y marea. Nos estaba pasando una ciclogenesis explosiva o sea un temporal de carallo y cogí mi legendario Mitsubishi y sin encomendarme ni a Dios ni al Diablo partí a la aventura rumbo a Montealegre. Trombas de agua con el limpia a máxima velocidad, poca visibilidad pero lo mejor llego cuando el GPS me metió por unas pistas forestales por lo más alto de la Sierra Peneda Geres, oscurecía y según ascendía el agua se transformo en nieve. No había cobertura, no se veía ni una casa, la pista parecía que desde tiempos de los contrabandistas no había vuelto a ser usada, cuando de repente me cruzo con un lobo que llevaba algo en la boca. Seguía nevando y la carretera se estaba tupiendo de nieve. A pesar de llevar cadenas en el coche no me plantee bajarme a ponerlas en medio de la oscuridad no fuera a ser que el lobo quisiera llevarse algo mas jugoso a la boca. Decidí jugármela aligerando un poco para empezar a descender y llegar a una zona de confort, afortunadamente mi viejo Mitsubishi tenia un chasis excepcional y si lo acompañas de los excelentes neumáticos Uniroyal ya tienes todas las garantías para salir del apuro. Y por fin llegamos al Hotel Rural Misarela, ¿mereció la pena? Siiiiiiiii. Primero por esa comunión hombre maquina luchando contra los elementos y sobre todo por lo que nos ofreció Montalegre.

Una vez llegado al delicioso Hotel Rural Misarela y reunirnos con los compañeros procedimos a degustar una deliciosa cena de estilo portugués donde sobresalía la jugosa carne barrosa. Nos quedamos sin palabras ante tan clásico plato y acompañado de unos excelentes vinos ya me hizo olvidar los malos momentos pasados en la montaña.

El hotel me encanto, con unas preciosas vistas al río Cavádo y unas instalaciones de lo mas acogedoras. Tras la preceptiva ducha procedimos a un sueño reparador y soñar con las maravillas de Montalegre.

Por la mañana dimos una pequeña caminata para ver el singular puente de Misarela, uno de los tantos construidos por el diablo que fue engañado por un caballero para pasar al otro lado de la garganta del río.

Tras lo cual nos llevaron a visitar la preciosa cascada de Pinçaes tras una caminata por medio del bosque bajo una lluvia persistente pero que mereció la pena. Las imágenes hablan por si solas. Allí nos encontramos con las vacas que criadas en régimen de pastoreo dan una excelente carne como pudimos comprobar la noche anterior.

Seguimos la ruta y visitamos el ecomuseo de Barroso de Vezeira e a Serra en Fafião donde nos explicaron las peculiaridades de tan hermosa tierra de montaña, sus paisajes y sus gentes. En las afueras del pueblo hay un foso para lobos. Una construcción tradicional de dos muros que van convergiendo hasta acabar en un foso donde caían acorralados los lobos perseguidos por los lugareños.

Véase también la fiera que nos esperaba el foso del lobo. Una bestia feroz.

Estamos en Portugal y la comida es sagrada. En el Restaurante Fojo dos Lobos en Fafião volvimos a degustar las excelencias de la comida portuguesa acompañadas de un rico vino blanco que a mi amigo Fernando no le dejo indiferente, si no es por mi se muere deshidratado. Por no hablar de sus maravillosos postres, ¡¡¡¡golooooosa!!!

Tras haber repostado y reído mucho con mis compañeros de aventuras nos dirigimos a otro encantador pueblo de montaña, Pitões das Júnias, a los pies de las montañas nevadas la noche anterior donde cierto aventurero que conocéis estuvo a punto de quedarse atrapado por la nieve.

Un pueblo donde se respeto la arquitectura tradicional a base de piedra y calles estrechas que te hace volver a otros tiempos mas tranquilos. Allí nos llevaron a visitar un tradicional horno de pan donde estaban cociendo un delicioso pan del cual nos obsequiaron con un hermoso bollo que aun mantenía su frescura 5 días después. Delicioso el pan tradicional recién sacado del horno.

En las afueras del pueblo existe una pequeña joya de la arquitectura religiosa, el monasterio de Santa Maria das Júnias, que a pesar de su estado semi ruinoso. ¿No os apetece jugar al escondite entre sus muros?

Por la noche fuimos a cenar a Montalegre al Restaurante Nevada donde disfrutamos del tradicional fumeiro, jamón de cerdo curado y ahumado, típico de la zona y donde nos acompaño un personaje legendario, el Padre Fontes.

A los postres el Padre Fontes ataviado con la tradicional capa nos preparo la tradicional queimada con conjuro incluido. Un rito ancestral que nos hizo disfrutar de un momento mágico con tan legendario personaje.

La noche la pasamos en otro delicioso alojamiento, Casa Avó Chiquinha, vinculado con los Vinos Montalegre de reconocidos mundialmente por su calidad. Detras de estos vinos esta el enologo Francisco Gonçalves que esta haciendo un magnifico trabajo. Un casa de estilo moderno pero decorada con unos salones y estancias muy elegantes a la que no me importaría volver contigo. 

Amaneció el domingo con una ligera nevada y visitamos en el mismo Montalegre su ecomuseo llamado Padre Fontes en las inmediaciones de su hermosa fortaleza medieval. Ahí se celebra todos los viernes 13 un espectacular festival creado por el Padre Fontes que atrae miles de visitantes al la zona.

Tras la visita cultural partimos a la localidad de Salto donde visitamos otro ecomuseo etnografico, Casa do Capitão, una preciosa casa solariega con un patio curbierto donde se encuentran depositados una serie de enseres y maquinaria antigua que nos describen como era la forma de vida de estas gentes hace muchos años. Una visita muy enriquecedora.

Finalizamos las visitas en el Centro Interpretativo das Minas da Borralha donde se explotaba el mineral de Wolframio tan necesario para las industrias armamentísticas y que vivieron su época dorada durante las guerras mundiales vendiendo a aliados y al eje. Y es que el dinero no entiende de ideologías. Las piedritas negras es el mineral de wolframio.

Me llamaron la atención las fichas de los trabajadores y sus historias, gente que huía de la miseria a cambio de dejarse la salud por unos escudos. Historias de fortunas ganadas rápidamente y perdidas aun más rápidamente por el tráfico de Wolframio y el vicio aparejado a donde se genera dinero.

Antes de partir de retorno a nuestros hogares y no por la pista forestal que tan mal y al mismo tiempo tan bien me hizo pasar a la ida paramos a comer en el Hotel Sao Cristovao al pie del Río Rabagao.

Montalegre tiene mucho que ofrecer, gastronomía, cultura y paisajes naturales espectaculares. Esto es solo una pequeña muestra de lo que puede ofreceros y os recomiendo visitar. Recorrer carreteras espectaculares en gargantas de ríos, grandes embalses, pueblos de montaña detenidos en el tiempo y por no hablar de sus carnes y vinos.

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