Culler de Pau. O Grove. Pontevedra.

Price:
95€

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5
On 12 diciembre, 2017
Last modified:12 diciembre, 2017

Summary:

Una experiencia muy gratificante con Javier Olleros y su concepto de cocina.

La vida es muy corta y merece ser vivida a tope por eso es necesario e imprescindible darse caprichos como visitar restaurantes como Culler de Pau. Al fin y al cabo la vida son experiencias y eso es lo que nos ofrece Javier Olleros en un entorno privilegiado como O Grove. Hacia tiempo que los integrantes del grupo RuRes (Rutas y Restaurantes) teníamos ganas de hacer una auditoría de producto pero por diversas causas no pudo ser hasta ahora y es que una experiencia como esta merece la pena vivirla con gente como mis compañeros de aventuras. Gente con un gran bagaje gastronómico que sabe apreciar la buena mesa y con algo muy importante, mentalidad abierta. Aquí no cabe: “Esto no me gusta, esto no se lo que es”

Hablemos de entorno, considero que no solo la comida es importante en un restaurante, también los es el ambiente y ubicación. Detesto comer en sótanos sin vistas o con lugrubes decoraciones. Ubicado en un entorno magnifico como es la península de O Grove y situado en un moderno bloque blanco con una magnifica cristalera panorámica con unas vistas sobre el Mar de Arousa que Pepe Solla definió como una de las mejores puestas del sol del mundo. El local dispone de un parking en su parte trasera justo al lado de su huerta de donde se cultivan sus propios productos.

Accedemos al local desde el aparcamiento lleno de coches de procedencia alemana pasando entre la vinoteca y una sala de reuniones, subimos al comedor situado en la primera planta donde toma protagonismo el blanco símbolo de la pureza y ese gran escaparate al Mar de Arousa, bateas, cons, playas paradisiacas, pequeñas islas…¡ Que ganas de volver a disfrutar en un velero de una ruta por esas placidas aguas al sol de agosto!

Javier Olleros y su equipo, nunca hay que olvidarse del equipo, nos hacen varias propuestas siempre basadas en la cocina de proximidad, la complicidad con el cliente buscando texturas y sabores que no te dejen indiferente para que no digas que fuiste a comer si no a vivir una experiencia. Hay carta con diversas sugerencias o puedes optar por los menús degustacion, el corto llamado Ronsel por 65€ mas 30€ de maridaje si lo precisas o el largo, Descubierta por 95€ y maridaje opcional por 50€. Azúcar Moreno cantaba que solo se vive una vez y fuimos por el menú Descubierta para descubrir a Javier Olleros y su equipo de ingenieros gastronómicos.

Empezamos con los aperitivos, unas “Aceitunas gallegas” sobre una rica salsa que nos sorprendieron gratamente. Producto de proximidad y con una curiosa textura muy irregular y ovalada con nada que ver con la aceituna de “lata”.

Seguimos con una curiosa “Infusión fría” con un toque ácido que resultaba muy curiosa pero que no nos acabo de encajar del todo debido a esa acidez. No pasa nada, aquí hemos venido a jugar.

El “Merengue con boletus y rúcula” nos ayudo a quitar el toque ácido y nos volvió a encauzar por el buen camino.

Llego el momento de los platos fuertes mientras disfrutábamos de las vistas, la conversación y el vino del que luego hablaremos. Presentada sobre una concha de viera una selección de moluscos con un fondo de roca. Era disfrutar en boca de ese sabor salino del mar, estamos en el velero navegando en demanda de Sálvora y la boca nos sabe a mar o amar.

Nos presento a su huerta con una ensalada muy curiosa, “Tomatitos aliñados con grosellla, “garum” y almendra”. El “garum” es una antiquísima salsa romana que nunca faltaba en sus bacanales y combina perfectamente con la huerta. Los tomatitos sabian a tomate de verdad, jugosos y carnosos.

Llego el momento de las “Hierbas de Adelina con crocante arroz y una crema de anchoa”. Un mar y tierra que no te deja frío. Muy delicada la textura del crujiente de arroz, fina como el papel de fumar y suave sabor.

Con una ría como la de Arousa enfrente casi es un pecado no ofrecer unos “Chocos con un fondo de pulpo y ese toque de puerros jóvenes” que potencian tan bien el sabor a mar. Delicioso, simplemente.

Un plato que nos volvió locos fue la “Espinaca tres caldos: kombu, lacón y tomate”. Una presentación simple pero impactante por no hablar de su extraordinario sabor. El gusto del lacón estaba ahí y perfectamente ensamblado con el alga kombu, unimos Galicia y Japón, mar y tierra…seguimos en el velero pero ahora bordeando la isla de Honshu a la vista del monte Fuji al sol naciente.

“Molinera, jugo vegetal y sopa de pino”. Otra sorpresa como se mezcla el sabor del pino de manera sutil en contra de lo que pareciera suponer el olor del pino y su “rudeza”. El pino es comestible y no solo para hacer ambientadores de coche o fregasuelos.

Me encantan la cebolleta y por eso cuando llego la “Cebolleta en tempura, caldo de salazones y melisa” no pude mas que esbozar una sonrisilla que se elevo a sonrisa cuando la probé Excelente.

Tocaba la carne y estamos en Galicia, “Solomillo de vaca, la hierba y la leche”. ¡ Me encanto esa mezcla! La salsa de leche encajaba con el sabor de la carne de manera extraordinaria.

Otoño, temporada de setas, “Boletus confitado, guisado y crudo”…un tres en uno para probar como evoluciona el hongo a través de diversas elaboraciones. Delicioso..,repito mucho esta palabra en este articulo.

Volvemos al mar, al velero, estoy a la caña bordeando Cabo Home, es hora de comer y ella en la cocina del barco me prepara una deliciosa lubina que habíamos pescado al amanecer, la lubina con una sopa de pescado, verdolaga e hinojo de mar. Pongo el piloto automático y disfrutamos de este plato en cubierta mientras tu melena ondea a con la suave brisa…creo que os lo dije antes, delicioso.

Cerramos la parte salada con un plato cuyo titulo no ayuda pero si estaba delicioso (otra vez esa palabra) Guiso de tendón de ternera “candelá”. Volvemos a los guisos de siempre tiempos largos, cocciones a fuego lentos…¡mmm!

Para limpiar nos ofrecieron una bebida a base de Trébol que nos dio mucha suerte. Recordad lo que os decía de abrir mente, algo que a priori no comerías y es una autentica delicia con un sabor sorprendente.

Soy golosoooo, muy golosooooo. Llegan los postres. Kéfir, vinagreta de remolacha y fresas. Muy refrescante y no hizo más que dejar muy buena sensaciones.

Otro “dessert” llamado La Vendimia a base de..? Mas buenas sensaciones.

Por ultimo y en mi modesta opinión el más rico de los tres. Tarta de Santiago pero que no tenia nada que ver con la tradicional. Vuelta a jugar a con las texturas de la crema y la teja de espuma para encontrar ese sabor tan característico de la almendra. ¡Cariño, mira hemos llegado al Obradoiro!

Hablemos de pan, nos ofrecieron diversas variedades de pan para acompañar estas maravillas, siempre panes gallegos y como no podía ser de otra forma con una calidad extraordinaria y que levantaron comentarios positivos en toda la mesa.

Vinos: la bodega esta mas que surtida de excelentes vinos de numerosas denominaciones de origen tanto como nacionales como internacionales. Nosotros maridamos con dos vinos excelentes y con caracteres muy distintos. El primero un rico D.O. Rías Baixas que fue el acompañante perfecto, Cos Pés 2015. Un albariño con doce meses de crianza en barrica y con poca acidez.

Y para la segunda parte cambiamos totalmente de tercio y nos dejamos guiar por el sumiller que nos recomendó Barcolobo 2012. Un coupage de Tempranillo, Cabernet y Syrah de Finca la Rinconada. Un vino muy redondo con recuerdos a frutos rojos, el toque justo de madera y un largo postgusto. Una excelente sugerencia de un buen profesional.

Mientras disfrutábamos de los cafés, de pota y por supuesto bautizados, no esperaba menos de Javier, nos trajeron los clásicos petit fours.

Los acompañamos de un digestivo vino de postre de Pazo Baion. Un vino dulce para contrastar con el café y los dulces.

Mientras el local se iba vaciando y disfrutábamos en los cafés de una amena charla disfrutando de la extraordinaria vista salio Javier Olleros a saludarnos y preguntar como había ido todo. Hablo con nosotros un buen rato y me sorprendió gratamente su calidad humana.

Por supuesto no me quiero olvidar de su equipo tanto de cocina como de sala que hicieron posible disfrutar tan grata “experiencia” que era el objetivo de Javier y lo consiguieron de verdad. Por supuesto el equipo de sala nos explicaba los platos con la máxima amabilidad y estaban pendientes de nosotros en todo momento. Me llamo la atención el toque oriental tanto del vestuario del personal como del menaje lo cual le daba un aire zen al local.

Al acabar nos entregaron en una pequeña cajita de cartón un pliego con el menú que habiamos probado, ¡que gusto en el detalle! Por esos gestos el local tiene la fama que tiene.

Volveré pero en una tarde de verano a disfrutar de la puesta de sol contigo mientras cenamos y quien sabe si a navegar con la luna llena de fondo empujados por la suave brisa a un islote solitario 😉

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